SOS: Necesito pretendientes
Hace un mes que vivo en Madrid. Hace un mes que no tengo sexo… Pero mis pulsiones ya se empiezan a manifestar y me piden a golpes que de una vez por todas me desahogue. Es muy difícil pasar de tener una vida sexualmente activa (como me pasaba en Lima) a, de la nada, estar en una ciudad gigante y totalmente nueva, donde los hombres todavía me saben muy lejanos… Por lo menos hasta ahora, ningún chico que me haya parecido un poco más sensual de lo común me ha propuesto la típica frase que en realidad encierra mucho poder: “¿Oye, qué tal si vienes a mi casa a pasar el rato?” ¿Pasar el rato? “¿Oye qué tal si vemos los dos una película echaditos en el sofá”? Todavía no puedo decir si así también es en Madrid, pero al menos en Lima el sexo explícito siempre viene cargado de frases “encriptadas” que una mujer debe ir descifrando a medida que va creciendo y se hace más experimentada en este jueguito, a medida que más hombres le hacen la misma propuesta (siempre con las mismas palabras) y el desenlace termina siendo el mismo. Para gusto de las dos partes, claro.
Lo malo es al ser ahora una extranjera, todavía no me atrevo a dar el primer paso y mandar ese primer mensaje de texto que se salga de las formalidades y de una vez por todas invite a alguno de los hombres que me haya parecido atractivo a tomar un rico trago a La Latina o Plaza del Sol (lugares frecuentadas por la bohemia madrileña) y ya luego ver qué pasa... A todo esto, tengo que decir que hasta hace solo cuatro días viví en la casa de mi hermana y con los estudios encima, me escondí de una metrópoli gigante en donde sé que si me inicio en la actividad (sexual) y no aprendo a medirme, acabaré por perderme, sentirme confundida y buscaré descargar mi ansiedad en la cama de otros chicos que en realidad solo se merecen que los bote a palos de mi cuarto. Tal como me pasó muchas veces me pasó en Lima, con sus excepciones, por supuesto.
Me pregunto, ¿hasta qué punto un cuerpo femenino puede reprimir sus instintos más primarios? Quien crea que todas las mujeres pueden abandonar el sexo y estar tranquilas por todo el tiempo (a veces años) que les demore encontrar un hombre que de verdad las quiera, pues está totalmente equivocado. Sería una percepción totalmente machista de la realidad. No puedo hablar por todas las de mi raza, pero al menos en mi caso, mis necesidades son claras y expresas: necesito del sexo para recalentarme, para hacer catarsis y para exprimir esos bolsones de estrés que no se me van ni con el ejercicio rutinario, ni con leer o ni con tres manzanas que me como seguidas.
Hoy mis sueños más claros no pueden ser. Por estos días trato de dormir relajada y sin contratiempos, pero inevitablemente siempre termino soñando con alguno de los hombres de mi pasado haciéndome quién sabe qué tantas cosas que terminan por hacerme reír de placer. Pero lamentablemente siempre me termino por levantar aturdida, porque ninguno de esos chicos está ahora presente y ya bien lejos los dejé (al otro lado del charco). Antes podían pasar meses sin hacer nada con alguno de los chicos que se me han cruzado, pues siempre había distancias emocionales de por medio, pero ahora me es físicamente imposible reencontrarme con alguno de ellos, aunque sea por una noche traviesa.
Solo me queda empezar de cero y volver a ofrecerme en el mercado de las mujeres que tienen que salir de noche y usar todas sus armas de conquista (los ojos siempre las delatan) para encantar a un hombre ‘bien’ (que no esté loco por favor) que las quiera para agarrarlas bien fuerte por una o varias noches.
Claro que luego tendré que usar todas mis neuronas y andar con la cabeza bien fría para no engancharme y saber que al día siguiente cada uno seguirá su camino y no habrá lugar para reclamos o “deudas amorosas”.