#ElPerúQueQueremos

Interrogantes, forasteros de respuestas

Publicado: 2011-12-03

 Texto elaborado por Yaiza Ramos, estudiante de Artes Escénicas de la Universidad de Nebrija, Madrid.

¿Qué es el arte? Podría dejar la página en blanco o llenarla de teorías que intenten de finirlo y, tal vez, conseguiría lo mismo. Aún así, voy a introducir el tema desautorizando al vocablo en concreto. El arte no debería de llamarse arte sino interrogante. ¿Las razones? Pasen y vean.

Tras una exhausta búsqueda del asunto en cuestión, soy capaz de afirmar que el arte es comunicación. Los elementos del proceso comunicativo intervienen de igual manera en una conversación que en una exposición de fotografía.  Para crear la comunicación, un emisor (el autor de la obra) crea un mensaje (la obra) con la intención de que llegue al receptor (público), mediante un canal (los elementos que utiliza para crear la obra y que lleguen al espectador como los actores en una obra de teatro), con un código concreto (tipo de movimiento artístico: clásico o vanguardias, por ejemplo.) y dentro de un contexto (situación social, política o económica del país o mundo).[1]

 

En el caso de uno de los  films de Man Ray, El retorno a la razón,  interpretaríamos que el mismo Ray es el emisor de un mensaje, la película, que va dirigida a un receptor, el público. Además, se debe tener en cuenta el código utilizado, que se trata de su punto de vista personal dentro del movimiento artístico Dadaísta, mediante un canal, que son los diferentes planos y elementos utilizados en la obra.

 Esta comunicación tiene su comprensión dentro del marco en el que se contextualice. En este caso nos situamos en 1923, poco después del fin de la Primera Guerra Mundial, donde aparecieron muchos movimientos artísticos con la intención de romper con el orden establecido y clásico del arte y, en algunos casos, de la sociedad.

La actitud inconformista se refleja en los distintos manifiestos de cada movimiento. En el ejemplo Dadaísta se nos presenta de la mano de Tristán Tzara  “Estoy contra los sistemas, el más aceptable de los sistemas  es no tener, por principio, ninguno.” También, rechazan el arte de una forma que podría utilizarse hoy por los que mantienen una actitud negativa ante  lo abstracto,  conceptual o contemporáneo: “el arte es un producto farmacéutico para imbéciles”. Las características de este movimiento también son expuestas: “El  pintor nuevo crea un mundo, cuyos elementos son también los medios, una obra sobria y definida, sin argumento. El artista nuevo protesta: ya no pinta (reproducción simbólica e ilusionista) sino que crea directamente en piedra, madera, fierro, estaño, organismos loco-motores a los que pueda voltear a cualquier lado el viento límpido de la sensación momentánea. (...)Un cuadro es el arte de hacer que se encuentren dos líneas geométricamente comprobadas paralelas, en un lienzo, ante nuestros ojos, en la realidad de un mundo transpuesto según nuevas condiciones y posibilidades. Este mundo no está especificado ni definido en la obra, sino que pertenece en sus innumerables variaciones al espectador. Para el autor, ese mundo carece de causa y teoría.”

Man Ray, sigue este patrón y desarrolla un trabajo abstracto en el que encontramos fotogramas con mucho ruido, una luz desmedida, formas parecidas a un reloj y a clavos que se mueven por un espacio intangible a una velocidad que  aumenta vertiginosamente También, identificamos espacios feriales por las luces como un tiovivo y un contraste clásico al encontrar el cuerpo desnudo de una mujer en el que se reflejan unas sombras.  

La confusión creada simpatiza con las características de este nuevo arte.  Desde mi punto de vista,  nos acomoda en un sueño y por eso no se le debe buscar la lógica al argumento porque  nosotros mismos no desciframos los nuestros y, seguramente, carecen de sentido. Respeta la no-armonía que rige el Dadaísmo, el encuentro de distintas formas geométricas, presenta un curioso juego de luces y en el final,  nos regala el cuerpo desnudo de una mujer. Esta última secuencia puede parecer una tendencia más tradicional pero, tal vez, signifique la anteposición de las vanguardias a lo clásico ya que unas líneas (formas que suele utilizar este movimiento)  se sombrean en su cuerpo (forma más tradicional).  Además, la mujer, aunque no participaba como artista, se consideraba una musa y un objeto fetiche. Por último, la posición del cuerpo recuerda a la de un maniquí exento de humanidad por no mostrar los brazos y moverse mecánicamente y era una particularidad empleada en el  mundo dadaísta.

Conforme lo analizado,  es posible declarar que Man Ray , como el resto de dadaístas, tenían la intención de comunicar algo a un público ,pese a su falta de sentido, mediante un código dadaísta y un canal, que son los elementos de la obra.

Por lo tanto, el arte es comunicación Pero, ¡cuidado! No nos podemos detener ahí. El arte es comunicación, sí. Aunque igual podríamos decir que un ser humano es un mamífero. Lo es, mas no sólo es eso. Si, únicamente, se pudiera definir como comunicación, un informativo, una conferencia o una entrevista también serían arte y, sin embargo, no los consideramos como tal. ¿Por qué? Porque el arte da un paso más allá de la comunicación. Lo que debemos encontrar ahora es la diferencia entre el arte y los otros tipos de comunicación.

Ante todo,  quiero mostrar el problema metalingüístico en arte o artista. Parece que el término arte o artista sufre una banalización referente al significado que se le otorga.

Si indagamos en el Diccionario de la Real Academia Española el concepto de arte  topamos con:

1. Virtud, disposición y habilidad para hacer algo.

2. Manifestación de la actividad humana mediante la cual se expresa una visión personal y desinteresada que interpreta lo real o imaginado con recursos plásticos, lingüísticos o sonoros.

3. Conjunto de preceptos y reglas necesarios para hacer bien algo.

4. Maña, astucia.

Si ahora lo probamos con artista:

Se dice de quien estudiaba el curso de artes.

2. Persona que ejercita alguna arte bella.

3. Persona dotada de la virtud y disposición necesarias para alguna de las bellas artes.

4. Persona que actúa profesionalmente en un espectáculo teatral, cinematográfico, circense, etc., interpretando ante el público.

5. Artesano (‖ persona que ejerce un oficio).

6. Persona que hace algo con suma perfección.

En el ámbito cuotidiano solemos utilizar la palabra arte para denominar a dos aspectos, que aunque puedan ir de la mano no son lo mismo. Por una parte,  nombramos arte a la “Manifestación de la actividad humana mediante la cual se expresa una visión personal y desinteresada que interpreta lo real o imaginado con recursos plásticos, lingüísticos o sonoros.” Pero también a la “Virtud, disposición y habilidad para hacer algo” y a la “maña o astucia”. Es decir,  lo identificamos como expresión del ser humano en distintas disciplinas y, a su vez usamos el término para denominar la agudeza de alguien en un ámbito independientemente de que sea artístico.

De la misma manera ocurre con artista. La persona “artesana” o “que hace algo con suma perfección” no tiene porque dedicarse al arte y en el caso de que la persona talentosa se dedicase, no necesariamente se la podría considerar artista porque en el arte no  se valora, únicamente, la técnica y el dominio de la materia sino lo que se quiere mostrar y el significado que le aporta.

Así que, se contempla un problema de disyuntiva frente a los significados atribuidos a arte. Una persona con mucho arte no tiene porque ser artista.  Aún así, la llamemos como la llamemos, el real artista siempre tendrá la esencia de artista.

Ya lo gritaba Julieta en su balcón con un anhelo de amor en el pecho y unas ansias de pasión en la piel:

        “Si otro título damos a la rosa,

          con otro nombre nos dará su aroma.

         Romeo, aunque Romeo no se llame,

          su perfección amada mantendría sin ese nombre.”

            Analizando lo anterior, un artista no puede ser cualquiera. Del mismo modo que arte no se considera a todo, sino a algo específico. ¿A qué, entonces? Mentiría deslealmente contestando a la pregunta porque no la sé. ¿Cuál es ese aroma del que habla Julieta por el que nuestra rosa puede ser la misma independientemente del nombre que le demos?

            Aparecen miles de preguntas y las soluciones se esconden debajo de la cama. Algo parecido nos ocurre cuando presenciamos algo que no entendemos. Yo lo he sentido en una clase de matemáticas, en una discusión con mi madre e, incluso, viendo el film de Walter Ruttmann, Opus I. El autor, en un principio pintor dadaísta y luego cineasta abstracto, nos muestra un juego de formas geométricas y de luces, que seguramente no quieran significar nada en concreto.

            Obviamente, él también desea comunicarse con el espectador. ¿Pero qué ocurre si el público no entiende lo que propone? ¿Se le debe descalificar del arte? ¿Es necesario entender para sentir?

Lo primero que contesté cuando me formularon esta pregunta fue: “Sí, uno necesita entender para poder sentir.” Pero, pensando más detenidamente, esa idea preconcebida nos construye una barrera absurda que derribamos en el momento que algo nos emociona. ¿Nos detenemos a entender los besos para sentirlos? No es imprescindible conocer las causas de nuestra emoción para que ésta se produzca.  Uno puede conmoverse escuchando música sin saber cuáles son las notas musicales o sin identificar los instrumentos que intervienen en la melodía.

            En la obra En torno al hombre ser recogen teorías que apoyan lo defendido anteriormente. “Conocemos el mundo a través de las sensaciones que nos llegan por los cinco sentidos, pero más allá de la sensación que nos permite ver u oír algo, podemos preguntarnos qué es ese algo.  No preguntamos por lo que vemos, sino precisamente por lo que no vemos de esa cosa que vemos. Es decir, la cosa no se reduce a lo que se ve, y por eso se hace necesario distinguir entre ver y entender (de ahí que un ninó que ve lo mismo que su padre, tenga derecho a preguntar “qué es eso”). (...) El entender es una forma de conocer muy diferente del conocer sensorial. Millán Puelles propone un ejemplo clarísimo: entender el calor no calienta, mientras que sentirlo, sí. Y si lo que entiendo es el fuego, mi entendimiento no arde en llamas ni siente el menor calor. Lo cual no quiere decir que la inteligencia apague el fuego: si así fuese, no harían ninguna falta los bomberos.”[2]

            Creo que en el arte prima la experimentación por intentar conmover al público ante la comprensión de éste. No está de más que se cuestionen las intenciones y motivaciones del autor, sin embargo, el gran objetivo es sentir. No obstante, cada espectador tendrá una sensación diferente a la de los demás dependiendo del concepto de su propia realidad. Cada uno ve lo que quiere ver. “No cabe duda de que la realidad es distinta de cómo la vemos.”[3] La experiencia de cada uno obedece a nuestro estado anímico, nuestra motivación frente a la obra y nuestra sensibilidad.

            Resumiendo lo analizado,  consideramos que el arte es comunicación y que tiene la meta de conmovernos. Pero ahora me pregunto, ¿por qué se le da tanta importancia al arte? ¿A todo se le llama arte?

            Voy a partir de uno ejemplo que para mí NO es arte: La serie de televisión Física o química.  Se trata de una serie juvenil emitida en televisión que, como diría uno de mis profesores de  interpretación, “traiciona al Dios Teatro”.  Se acerca más a un producto de marketing que a un trabajo de arte escénico. ¿Por qué? Por contradecir todos los esfuerzos que este supone tanto por la parte de guión como por el terreno interpretativo.

            Desde mi punto de vista, cogen el camino fácil para conseguir la mayor audiencia, adolescentes (sobretodo chicas) que empiezan a crecer con lo que quieren ver: historias de amor. Te presentamos lo que quieres ver: tus historias de amor de instituto con problemas relacionados con el no entendimiento de sus padres, la inexperiencia ante las relaciones y la morbosidad ante las drogas. ¿Qué tiene esto de arte?

            Un guión construido con personajes estereotipados con la intención de acercarse los jóvenes,  unos actores, que más allá de ser inexpertos, se les elige por su aspecto físico, para agradar al público y presentan una torpe interpretación.  Además, la repercusión juvenil que pueda darse no es para nada positiva. En los capítulos que he presenciado no se muestran unos valores sociales, que creo que son de gran importancia en cualquier manifestación escénica. También, pienso que las historias, al margen de ser realistas, carecen de originalidad y se acaba cayendo en el mismo pozo de problemas con padres, amigos, notas, sexo y drogas.  Se necesitan otros puntos de vista, elementos opuestos que permitan al espectador decantarse hacia un lado de la balanza, después de haber establecido un criterio. Pero no, aquí la intención era apagar el cerebro durante hora y media.

En contraposición de esto,  y como muy bien decía un personaje de La piel que habito[4],  “el arte te salva la vida”.  El arte nos permite salir de nuestra rutina diaria,  nos salva en el sentido de que nos permite introducirnos en vidas ajenas, descubriendo sus sueños e identificándolos con los nuestros. Tenemos la fortuna de estar invitados a la fiesta de las mil de texturas, imágenes, olores, sabores...que nos aparcan del estrés y nos salvan la vida.

Por consiguiente, creo que  el arte es el que nos permite “abrir el tarro de las esencias”. El arte debe sorprender, abrirnos un nuevo mundo, elevarnos a un universo de sensaciones y, después de esto, permitirnos pensar y cuestionarnos todo lo que nos venga en gana. Eso sí que es arte. Pero, es posible que me equivoque porque el arte tiene la virtud de descubrir el cosmos de las preguntas aunque no de contestarlas y, tal vez por ello, él mismo se deba llamar interrogante.

[1] Soto Lauro.Elementos del proceso comunicativo. Información [en línea] 2008 [fecha de consulta: 13 de noviembre del 2011]. Disponible en: http://www.mitecnologico.com/Main/ElementosDelProcesoComunicativo

[2] Según Ayllón, José Ramón; Samaranch José Antonio.En torno al hombre: Introducción a la filosofía. Madrid: Ediciones Rialp, S.A. 1992. Pág.59.

[3] Según Nobre, Kia. El cerebro construye la realidad. Información [en línea]2011 [fecha de consulta 12 de noviembre de 2011 Disponible en: http://www.rtve.es/television/20111027/cerebro-construye-realidad/471391.shtml

 

[4] La piel que habito (2011) de Pedro Almodóvar


Escrito por

ianamalaga

Tengo una colección tan grande de historias personales que ya solo me queda burlarme de mí misma.


Publicado en

El Club de la Manzana

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