#ElPerúQueQueremos

Soy una sudaca más en Madrid y no me compadezco

Publicado: 2012-03-13

“En esta ciudad no hay futuro, solo pasado. Llegué en una época de bonanza y hoy solo veo decadencia. Pero no pienso en el futuro. Y es que no quiero regresar a Lima. No soporto la agresividad de los limeños, no soporto el tráfico, no soporto la hipocresía de la gente”. Puede que a veces utilicen diferentes adjetivos, pero esa es la frase que escucho repetir y repetir en los peruanos que he tenido la suerte de conocer desde que empezó mi exilio temporal en Madrid, hace cinco meses. Es una frase que te muestra por qué hay peruanos que no quieren regresar a su tierra natal y prefieren (e insisten) permanecer en España, por más que le duela a sus bolsillos, no tengan trabajo estable o cada día la estén pasando peor en términos monetarios. Los peruanos radicados en Madrid que yo he conocido (no puedo generalizar) no quieren volver a su pasado. Y en muchos casos, su peor pesadilla se manifiesta en la idea de que un día –maldito sea– tengan que trepar un avión y regresar a Lima (porque allí sí hay dinero), una ciudad llena de complejos y racismo.   

No es que hoy se sientan más españoles que peruanos. No. Ellos se enorgullecen de su nacionalidad y hablan del cebiche, de política nacional y de programas televisivos como “Al Fondo Hay Sitio”. Pero sucede que en Madrid encontraron el reconocimiento artístico que alguna vez buscaron infructuosamente en Lima; o simplemente un lugar más cómodo para sentar cabeza (al menos por un tiempo prolongado). Y hoy tampoco tienen que soportar o hacer frente a tantos prejuicios raciales y sociales que alguna vez los atormentaron mientras vivían en Lima. Sabemos que Lima no es el Perú. Pero repito, por ahora solo he tenido la oportunidad de conocer a compatriotas que hace unos meses o hace muchos años decidieron alistar sus maletas y abandonar su casa en un distrito acaudalado o emergente de la capital peruana para darse su lugar en Madrid. 

Ante tantas historias con el mismo desenlace (cruzar el charco), yo también he sido tentada por la idea de no mirar atrás y, de una vez por todas, echar raíces en España. No sería mala opción, si lo que busco es una fiesta interminable y sin tregua. En Madrid sobran los bares y las discotecas para todos los estilos y tendencias sexuales, de lunes a domingo, sin parar. Así que es muy fácil dejarse llevar por la buena noche sin aburrirse. Si me quiero quedar más tiempo de lo pactado, también podría tramar un plan para adueñarme de un hombre español que, sea por inocente o embobado, se case conmigo y me preste su apellido con el fin de conseguir la ansiada nacionalidad española. Ya luego veo cómo nos divorciamos.      

Está bien, son solo pensamientos un poco más maliciosos que de costumbre. Tras contar las monedas que me sobran, hoy prefiero ser más realista que una cándida enamorada de una ciudad en la que no nació. La sórdida crisis que golpea a España en estas épocas me ha hecho comprender que mejor contengo mi optimismo para después. Se me fueron las esperanzas de encontrar un sueldo bien remunerado con el que pueda alquilar un departamento amueblado o sostener por mucho tiempo la vida de juerga a la que cada día me tientan los amigos de por acá. Tal vez sea porque ya no busco sobrevivir ‘ajustando’ mi dinero hasta fin de mes, sino vivir con cierta holgura. Pero lo cierto es que en estos días veo más fácil encontrar estabilidad económica en el país donde ‘ya pagué piso’, que hallarla sin tan buenas perspectivas en un territorio donde soy la última rueda de aquel imaginario “Estado del bienestar” que anhelan los españoles. Llegué con la gran ilusión de triunfar. Pero en esta ciudad el solo hecho de ser joven y ganar 1.000 euros al mes ya te hace todo un triunfador. “No esperes más si te quieres quedar”, me dijo un affaire madrileño que conocí en mis primeros meses de adaptación. Pues que esos 1.000 euros se los den justamente a los más de cuatro millones de parados que hay en España. Atrás mi egoísmo que yo no tengo papeles para trabajar en el extranjero y prefiero que me paguen un salario más jugoso donde sea laboralmente bienvenida. Es decir, en Lima.

Frases de crisis

 ¿Y qué pasó con mi ilusión de conseguir un novio español que alimente mis ganas de formar familia y aumentar la prole por estas tierras? Conseguir un español buenmozo con quien ligar es muy fácil y hasta da miedo (ellos parecen vampiros con ganas de comerte si les das unos tragos). Pero que un español realmente te abra las puertas de su casa y se anime a presentarte a tu familia es porque realmente ve en ti a una posible madre para sus hijos. ¿Pero cuáles son los requisitos para eso? Los desconozco y me da flojera averiguarlos.

Que este país no me depare trabajar en una oficina asentada en un rascacielos ya no está dentro de mis prioridades. No importa. Esta ciudad se cae a pedazos, pero no deja de sorprenderme. “¿Qué me gusta de Madrid? Me gusta lo poco que importa quién eres y de dónde vienes. Es una ciudad poco elitista que te acoge enseguida”. Palabras que alguna vez leí en El País y no dejaré de suscribir.

No sé del todo cómo se mueve la sociedad española y cuáles son sus lacras sociales. Acá corren muchas leyendas. Por allí me han contado que, pese a una crisis que se carcome los sueldos de la clase media, todavía hay millonarios en España a los que nunca les veré la cara. La razón: cuando es verano navegan en veleros de lujo por las paradisíacas playas de Barcelona. Y cuando es invierno asisten a fiestas donde la entrada está reservada para gente con glamour que solo viste abrigos de pieles. Imposible que me inviten si acá desconozco mi posición social y soy solo una inmigrante más que teme que el Consulado de España me deporte de regreso al Perú antes del tiempo previsto.

No importa. En estos meses esta señorita se ha dado cuenta que el caparazón de complejos en el que suelen refugiarse los limeños que dicen ser de familia “de bien” o los nuevos ricos simplemente no existe. Era solo un espejismo inventado por varias clases sociales en conflicto. Así que imposible contar a mis nuevos contactos españoles que estudié en el Villa María y por ende en mi ciudad natal algunas veces he tenido que soportar escuchar a mis espaldas la frase: “no es que tenga méritos personales, sino que es una chica con vara y privilegios”. ¿Que en España me merezco un trabajo solo porque vengo de una familia “considerada” con cierto estatus y tengo un apellido inglés? Me imagino la carcajada que daría el gerente de recursos humanos de una empresa española solo por contarle tantas ridiculices de un país subdesarrollado llamado Perú. Acá soy solo una sudaca que algunos españoles a veces confunden con argentina o chilena a primera impresión. Y yo tengo que responderles que soy tan peruana como El Tumi o el panorama de Machu Picchu que ven en las guías turísticas.

No soy nadie en Madrid y no me compadezco. Mejor así. Era perjudicial para mí atenerme a las etiquetas que muchas veces impone la sociedad limeña. Es muy rico cambiar de ambiente por un tiempo para darte cuenta que como individuo siempre tienes libertad de elegir entre sufrir por vivir pendiente de lo que otros digan de ti, o actuar bajo tus principios y ser lo que te da la gana. Pues si en Madrid empecé contando que soy periodista, hoy me doy la libertad de decir que también he fungido de cajera en una tienda, corista, traductora y actriz en ciertas etapas de mi vida. Y si un español vivaracho se quiere sobrepasar conmigo, pues puedo mentir y decirle que soy una ex presidiaria para alejarlo al instante sin que tenga que darle una cachetada. ¡Si en Madrid nadie me conoce!

La distancia se convirtió en mi aliada perfecta. Acá son demasiados los españoles endeudados hasta los cojones y, en tiempos de crisis, cada quien baila con su pañuelo. Pues qué mejor oportunidad para deshacerme de los lastres mentales y sociales que quizá ya no me estaban dejando avanzar. Es imposible desvincularse del pasado pero, al menos, ya me quedó claro que lo que digan las personas que no se han dado el tiempo de tomarse un café o tener una conversación distendida conmigo no determina quién soy en la variopinta sociedad limeña.

 


Escrito por

ianamalaga

Tengo una colección tan grande de historias personales que ya solo me queda burlarme de mí misma.


Publicado en

El Club de la Manzana

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