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Solteras desesperadas: El precio de olvidar un hombre

Publicado: 2012-03-26

Psicólogo, gimnasio, numerosas llamadas por celular y fiestas por doquier son algunas de las muchas medidas que toman las mujeres con tal de olvidar a sus antiguos amores.

Existe una frase lastimera que proclaman muchas mujeres de 25 a 35 años, todavía solteras: “No hay hombres en Lima”, vociferan con un suspiro de resignación. Y no se refieren a que la raza masculina esté en extinción. De ningún modo. Se refieren, más bien, a su mala suerte en el amor (como algunas dicen) por no poder ‘enganchar’ al prototipo del hombre perfecto (guapo, sensible y con una abultada billetera) que les pida matrimonio o simplemente un título de propiedad. En el amor, claro.

Yo pertenezco a ese equipo de mujeres, pero no comulgo con su manifiesto. En mi opinión, en esta ciudad sí existe una variada oferta de hombres, pero allá las que se conforman con un solo tipo de envase. Eso lo comprobé hace dos años cuando terminó mi relación con ‘Bubulín’, un novio que me quiso de forma saludable, pero al final las cosas no funcionaron.

Desde entonces he tenido citas con periodistas, escritores, músicos, motociclistas, emprendedores, gordos, flacos, extranjeros, hombres que perfectamente podrían salir en la portada de una revista y otros no tanto.

El problema es que en vez de preferir al caballero que sabe declarar sus sentimientos sin rodeos, yo tengo una perversa fascinación por esa raza de chicos ‘cool’ que saben encandilarte con bellas palabras cuando te cortejan, pero una vez que les dices que sí, aplican la ley de la indiferencia y te dejan tirando cintura.

Y, sacando cuentas, hoy puedo asegurar que si una mujer es capaz de gastar hasta el 35% de su presupuesto mensual en comprar ropa e ir a la peluquería para verse bonita en sus primeras citas, las mayores perdidas económicas se dan cuando el objeto del deseo empieza a desaparecer.

Métodos alternativos

A falta de respuestas en el amor muchas mujeres recurren a psicólogos que pueden cobrar hasta S/.140 por sesión. “Busqué a una profesional porque necesitaba entender cuál era mi problema con los hombres. ¿Acaso era mi culpa?”, declara una amiga que prefiere mantener s nombre en reserva. El caso es que así llegó a gastar S/.3.360 por una terapia de tres meses, tras los cuales la doctora concluyó que no era su culpa.

Pero si ella tuvo la solvencia como para pagar por un especialista, hay chicas que, sin darse cuenta, gastan entre S/.40 y S/.100 a la semana por todas las invitaciones a tomar un café que hacen a las amigas con el propósito de exprimir sus penas amorosas. Y ni qué decir de los cientos de llamadas por celular y mensajes de texto que puede hacer una mujer desesperada. La consecuencia: la víctima o sus padres tendrán que pagar una boleta telefónica cuyos costos exceden abismalmente el plan acordado.

También hay las que recurren a los ejercicios con la creencia de que un clavo saca a otro clavo, pero primero hay que lograr la figura perfecta. De hecho, un ejecutivo de ventas de Gold’s Gym me dice que el 70% de sus clientes corresponde a mujeres. ¿Pura vanidad? No lo creo. Sin duda, una mujer dolida puede gastar S/.300 al mes en el gimnasio, pero claro, el presupuesto final dependerá de la intensidad de la pérdida. Personalmente, yo he llegado a gastar S/.360 al mes por hacer yoga y venderle a mis amigas la idea de que estaba pagando por “aprender a respirar”, cuando en el fondo quería descubrir cómo es eso de poner la mente en blanco y así extirpar de mi conciencia a un susodicho que me dejó. No funcionó.

Otra amiga más pragmática dice que cuando está en fase olvido su presupuesto semanal se duplica, pues gasta más en taxis, toma más alcohol y acude a más fiestas en busca de nuevas conquistas. También hay féminas a las que se les da por hacer compras compulsivas o buscan verse radicalmente distintas a la hora de pasar la página en el amor. Hace unos años yo terminé con el pelo rojo por esa razón. La intervención me costó S/.120 en una peluquería barata. Sin embargo, los pocos dólares que tenía luego se esfumaron en el tratamiento al que me vi obligada a someterme por recuperar la vitalidad y el color de mi pelo castaño.

Medidas de fuerza

El año pasado, luego de una dolorosa ruptura, tuve una época en que intenté cerrarle las puertas a Cupido por una buena temporada (uno o dos años) y para ello decidí mudarme a una pensión donde mis ocho compañeras de cuarto eran nada menos que mujeres arriba de los 60 años. Ellas me mimaban y encontré la paz al principio, pero no me percaté de que los muebles que me rodeaban eran antiguos y polvorientos. Eso terminó por causarme una bronquitis aguda y el precio de despedirme de mis pretendientes terminó por acabar con mis centavos en medicinas.

Luego recurrí a una vidente que me cobró S/.200 por leerme las cartas y decirme que no me preocupara, pues, pronto iba a tocar a mi puerta un nuevo guapo.

Pero la verdad que a estas alturas, ya no sueño con llevar un tul al altar y gastar US$20.000 por una despedida de soltera y una boda de primera. Sueño con alguien que me quiera y no me haga gastar más por mantener la cordura. Solo me queda, por ahora, seguir pasando la página, con dinero.

 Texto anteriormente publicado por esta chica en la sección Economía & Negocios del diario El Comercio, el día jueves 6 de octubre de 2011.


Escrito por

ianamalaga

Tengo una colección tan grande de historias personales que ya solo me queda burlarme de mí misma.


Publicado en

El Club de la Manzana

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